Crecí viendo más televisión de la que es recomendable. Sin tener nunca un espiritu crítico o siquiera selectivo respecto de lo que aparecía en la pantalla, engullí sin problema desde las repeticiones cíclicas de El Chavo del Ocho y programas educativos plagados de títeres, hasta documentales sobre la antigua Roma y las plenarias del congreso. Solía dejar el televisor prendido como ruido de fondo y concentrarme en alguna otra cosa, de manera que nunca fue relevante si lo que estaba sintonizando era o no digno de atención. Sin embargo, desde que en mi casa pusimos TV Cable, el enorme espectro de series que nunca había considerado como existentes hizo que mi rutinario ignorar la pantalla mutara lentamente en el cronograma televisivo que hoy en día tengo.
Siendo justos, no puedo decir que sea una afiebrada televidente; tiendo a perderle el hilo a la mayoría de series que me emocionan en un principio y a permanecer en una suerte de aburrimiento prolongado al intentar volver a verlas. Lost, Heroes, Grey’s Anatomy, M.D. House y otras me tuvieron encantada durante un rato, pero hoy en día se han convertido en ruido de fondo para mis garabateos inconclusos.
Quizá sea bueno decir que no porque pierdo interés en las series significa que sean malas o poco interesantes; posiblemente lo que ocurre es que carezco de la capacidad suficiente para retener información cuando las emisiones están separadas por toda una semana. Entiendo bastante bien la pasión que generan en la gran mayoría de gente que conozco, aunque lastimosamente no la comparto. No obstante, esto no puede decirse de todas las series “en boga” y menos de una en particular: Dexter.
“Dexter, un justiciero serial” es una serie de FOX que salió al aire este año. Creo que va por la segunda temporada y ha gozado de inmenso éxito a raiz de explotar varios ejes temáticos que por distintas razones capturan inmediatamente al televidente. Es una serie policiaca, de corte CSI, en la que casos extraños de asesinatos se resuelven haciendo mano de explicaciones enrevesadas por parte de científicos brillantes que sirven a la grandiosa y noble causa de establecer justicia. Además, el personaje principal -como Gil Grissom, Gregory House y Monk- padece de un transtorno psicológico que lo obliga a enfocarse exclusivamente en su trabajo, dada la imposibilidad de correlacionarse adecuadamente con personas comunes y corrientes, y llevar una vida más o menos estándard. Ahí, precisamente, es donde Dexter cruza la línea que otras series que apelan a la anormalidad del protagonista no osan siquiera considerar. Dexter es un asesino en serie, que se mete en el rol de vida de un científico forense y que calma sus irreprimibles impulsos homicidas asesinando a los criminales a quienes persigue. Los atrapa, los seda, los mata, los descuartiza, lo disfruta. Dexter es un carnicero irredimible; él lo acepta, se define a sí mismo así. Lo que es peor, justifica sus crímenes y legitima su carácter cada vez que puede y nos presenta su vida como algo que debe constituir entretenimiento.
La serie me genera una desazón inmensa, una incomodidad profunda y preocupaciones en varios niveles. Por una parte, parece buscar, junto con otras series de su estilo, una glorificación del personaje trastornado, un descubrimiento de heroismo en las disfuncionalidades sociales. Si bien esto, dicho así, no represente un problema -la estandarización de las personalidades y la regulación de lo que es aceptado como “normal” es algo bastante peligroso y nocivo en sí mismo-, para el caso concreto de este programa, constituye la idealización de algo que bajo cualquier óptica debería resultar reprobable. Buscar simpatía, aceptación e incluso admiración por un personaje que se adjudica a sí mismo el poder de decidir quién es digno de morir bajo sus manos, cómo debe impartirse justicia o, en el nivel más simple, alguien que sin reparos asesina una y otra vez, es peligroso y repugnante. El peligro no es, seguramente, que todos los adolescentes de una generación elijan nombrarse a sí mismos “sociópatas-asesinos en serie” y empiecen a justificar sus fallas de carácter y tendencias destructivas en que lo vieron en televisión; lo que me parece realmente preocupante es que abre el espectro de lo que es permisible, de lo que es evaluable, de lo que se configura como lo monstruosamente incorrecto e intocable, haciendo que resulte no sólo normal, sino deseable, llegar a extremos de inhumanidad bajo la bandera de un “bien mayor” o de la justicia. La imagen del monstruo carnicero se ve atenuada por el hiper-racional impartidor de justo castigo a los “verdaderos monstruos” que amenazan la estabilidad de la sociedad. El mensaje que envía es confuso; está bien matar, si es para eliminar a escoria y está bien ser bestial e inhumano, mientras esa bestialidad se exprese con meticulosidad y rigor. Ser un monstruo te puede convertir en héroe.
Por otra parte, este programa parece querer legitimar la idea de que existen quienes merecen morir. Así de simple. Hay, allá afuera, aquí al lado, aquí adentro, personas cuyas acciones resultan tan horribles, tan salidas de la ley, el orden, la moral, la sensibilidad y la razón que no queda otra opción que asesinarlas. Y, si seguimos la serie, nos daremos cuenta de que no es suficiente con enviarlas a un reclusorio por toda su vida, ni condenarlas en un tribunal de ley a la pena de muerte; hay quienes deben ser erradicados sin juicio, sin explicación, sin respeto mínimo por cualquier derecho. No sólo es temible pensar que hay un ser humano con la potestad de impartir “justicia” -más aún una persona que es descrita como alguien que en ninguna medida entiende o comparte las emociones humanas que anteceden y acompañan acciones y juicios-, es todavía más aterrador pensar que se está promoviendo el asentamiento de la idea en la mente de todos los espectadores de que existen condiciones bajo las cuales el asesinato y las acciones violentas dentro y fuera de la ley se justifican. Nos están enseñando que matar a sangre fría, con plena conciencia, premeditación y crueldad no constituye algo malo, siempre y cuando se tenga un ‘buen’ motivo.
Probablemente un día las acciones que cometan aquellos que sirven de ejercicios de limpieza social no necesiten ser siquiera particularmente monstruosas, particularmente alejadas del sentido común, o particularmente reprobables; alcanzaría, para llevar a cabo la exterminación, con que fueran alejadas de lo que el “justiciero” considera la norma. Quizá un último agravante sea el hecho de que nos presentan a Dexter como un miembro del cuerpo de policía, un hombre de ley. La escogencia de sus víctimas responde a los crímenes de los que tiene noticia y, dado que tiene algún grado de poder que el ciudadano común no ostenta y un deber que cumplir con la sociedad, no es del todo descabellado que él ejerza su profesión de manera notable. Como la ley es débil, como las instituciones son corruptas e ineficientes, está bien hacer justicia por la propia mano, y en serie.
Me horroriza saber que esto es presentado como entretenimiento prime-time -aunque el horario realmente no haría ninguna diferencia-, me llena de asco saber que hay personas que interpretan este tipo de programas como simples reflejos de una manera establecida de pensar el mundo porque, aún si es cierto que lo que hizo permisible que algo así saliera al aire es el cinismo desmesurado y la creciente tendencia a preferir los resultados a los procesos razonados, creo que no es descabellado pensar que lo que está ocurriendo es que se está perpetuando esa legitimación de la amoralidad y el abuso de poder en el subconciente colectivo. En lugar de encontrar cada vez más perturbador y reprobable pisotear los mínimos acuerdos de respeto por la vida, lo devoramos cada vez con más ansias, lo disfrazamos de ficciones televisadas decoradas con sex symbols y producciones millonarias y nos desentendemos de la responsabilidad de pensar en las consecuencias de la proliferación de este tipo de contenidos porque, en últimas, “sólo es televisión”.



Cuando sea grande quiero que seas la abuelita de mis hijos
Y bueno, nunca me senté a ver la serie, con héroes tengo, con héroes me entretengo.
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ehm… no sé qué tanto quiera yo ser tu mamá o tu suegra cuando seas grande…
Comment by nomeacuerdo — 28.10.2008 @ 10:27 am |
Si bien estoy de acuerdo en lo que escribes, no veo que sea algo nuevo lo que acá se presenta. Ya hemos tenido en el pasado super heores a quienes se les va la mano por así decirlo (en este momento recuerdo al punisher. Lo que si me aterra de verdad es, como estos comportamientos se convierten en algo moralmente aceptable desde el punto de vista de nuestra sociedad. Es así como encontramos que seres sanguinarios como los paramilitares encuentran apoyo nacional por que sus crímenes atroces sirven para destruir a la guerrilla o como se permite la tortura en las prisiones americanas en nombre de la guerra contra el terrorismo. Es triste ver como la sociedad no parece evolucionar sino devolucionar en algo completamente atroz.
Comment by schizoid — 28.10.2008 @ 2:42 pm |
No he visto el programa pero prefiero pensar que el problema no radica en lo monstruosa que pueda llegar a ser una ficción sino en cuán crítico es el espectador frente a ella y qué espacio en su vida le permite. Las ficciónes son el lugar idóneo para lo violento y lo moralmente ambigüo: es preferible que sucedan de la forma más atroz allí y no en la realidad. El asunto radica en qué hace el televidente con ello, qué espacio le adjudica en su vida, qué tan agudo es para verlo como un simple cuento absurdo, quizá entretenido teniendo en cuenta que todos somos algo morbosos, y no como una guía de conducta moral… la responsabilidad no es solo de quien hace las imágenes, también de quien las ve. Creo. Un abrazo.
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Estoy de acuerdo con lo que dices sobre la responsabilidad que como espectador se tiene. También con que el desfogue del horror sea mejor puesto en la ficción y no en la vida cotidiana de cada uno; sin embargo, lo que me resulta preocupante, como creo que no fue del todo claro en el post, no es que el programa sea “gore” o ultraviolento per se, o que uno escoja como guía de conducta moral un programa absurdo y exralimitado, sino justamente que cada día aquello que constituye propiamente lo horrible se va normalizando, va permeando nuestra sensibilidad colectiva y deja de ser absurdo y lejano.
Creo, además, que sobreestimas al espectador; claramente todos deberíamos ser responsables y tomar distancia, pero eso es algo que escasamente sucede. Y no sólo porque bajo la premisa de que en aras de entretención todo vale; yo también pasé mil tardes devorando los problemas familiares del peruano de escasos recursos. Sin llegar a decir que es consecuencia de este u otros programas lo que por acá la gente anda diciendo (esa misma argumentación que este monstruo ficticio e inflado de fantasía la he oído muchas veces por la calle: “a esos toca es matarlos”, “pues sí, son sanguinarios, pero al menos están limpiando este país de basura”), pues eso no tendría mucho sentido, creo que el que se desdibuje el mundo de la ficción de la realidad -este man no es drácula,ni un zombie; es un policía, enfermo,claro, pero hecho pasar por ‘cualquier desadaptado promedio’-, que se borre esa diferencia fundamental y provechosa que tú mismo estás mostrando, es preocupante y peligroso.
Yo ya ni sé dónde queda la ficción. Ni acá, ni allá.
Comment by mono — 28.10.2008 @ 6:54 pm |
Digamos que las series sobre personas socialmente disfuncionales, “más parecidas a usted y a mi”, se hacen comunes al mismo ritmo que las películas de terror se vuelven secuencias desordenadas de Gore barato y mal hecho. Ya no son Holocausto Caníbal, tampoco llegan a ser Hellraiser o el payaso maldito.
Sólo son nuevas formas de ofrecer entretenimiento. A quien sea que logren entretener.
PD. El cinismo es tal vez el más aceptable de los comportamientos, desde Garfield hasta Dr. House.
Comment by Alfabravo — 19.11.2008 @ 11:10 am |
Ole María Lucía, desde que leí el blog llevo como dos semanas tratando de ver la dichosa serie por FOX, pero siempre llego cuando ya se está acabando.
Las fotos del Flickr están súper chéveres.
Yo también tengo un blog, ojalá le heche una miradita un día despues de pagar la pila por Internet. (El link es http://latifundio.blogspot.com)
Comment by Camilo — 8.12.2008 @ 11:44 am |
Pues la verdad, o algo de la verdad es que todo aquel que se dedique a hacer justicia por medio de armas, pertenesca a ejercito, policia, grupo subarmado o lo que sea es realmente un antisocial o con caracteristicas antisociales. Lo que sucede es que los que pertenecen a los grupos legales, en los medios de comunicacion, son vistos como “buenos heroes”, pero en realidad nunca sabemos que hay detras o entre sus actos o defensas a la sociedad, no se, me acuerda a los falsos positivos.
Comment by Juana — 2.01.2009 @ 3:15 am |
Vengo siguiendo tus comentarios desde un link en la revista Hermano Cerdo. Tu texto me pareció estupendo en todos sus aspectos. Creo que tu reflexión es válida, por decir lo menos, y coincido en otros aspectos como la educación conductista que se ejerce sobre la sociedad con este tipo de productos televisivos. Sin embargo, difieron en algunos puntos, pues a pesar de lo que pudiera pensarse, la televisión es reflejo de la sociedad y viceversa.
La premisa de la que parte el programa -creo humildemente- solamente es una reflexión imperfecta de lo que muchos individuos sienten, alienados de la sociedad, expuestos y desnudos a merced de gente extraña y ajena. Que alguien -y no en su sano juicio- acepte un grado de responsabilidad sobre las acciones y decires de los demás, redime no únicamente a los protagonistas de la serie, sino a aquellos que reconocemos en nosostros mismos, la parte obscura intrínseca de cada ser humano. La oportunidad de justicia por propia mano, contrapuesta a la corrupción del sistema judicial, a la falta de probidad de las autoridades, a la ausencia de equidad y legalidad expedita, la retribución al más puro estilo judaíco: “(…)muerte por muerte(…)”
Saludos,
Comment by Mekishiko-NoNeko — 10.01.2009 @ 7:47 am |
Mekishiko, gracias por el comentario. Concuerdo contigo en aquello de la relación de dependencia recíproca entre la estructuración de creencias de la sociedad y lo proyectado en la televisión. Es bien cierto que sólo es pensable un programa como Dexter dentro de un esquema social que en más de un nivel añora un escape casi catártico para las frustraciones diarias que supone ser un pequeño individuo en un mundo falible.
Hubiera sido interesante considerar lo que tratas en la segunda parte de tu comentario dentro del post… como decía Mono en un comentario anterior, lo importante de este tipo de ficciones es que permiten satisfacer impulsos que en la vida real serían, por decir lo menos, inadecuados. Es muy interesante ver realmente hasta qué punto este tipo de seriados satisfacen necesidades y no son simplemente caprichos de un par de creativos aislados en una oficina… tratar los dos lados de la dependencia de la que hablabas… no dejando sólo el temor por las consecuencias de lo que va de la pantalla al mundo real. Me dejas -junto con el mono- pensando…
Comment by aranta — 10.01.2009 @ 9:23 am |
“una glorificación del personaje trastornado, un descubrimiento de heroismo en las disfuncionalidades sociales…”
¿qué parte de la serie me he perdido? que yo sepa es un atormentado… no imagino a nadie que quiera estar más de tres segundos en la piel de un infeliz como Dexter.
La serie es buena -de momento- porque mantiene el interés, es entretenida y ha sabido crear perfiles con fondo para cada personaje, pero no deja de ser ficción televisiva.
No sé porqué me ha venido a la cabeza aquel artículo de Casciari..
http://blogs.elpais.com/espoiler/2007/12/la-abuelita-de.html
Comment by Vip Vop — 14.01.2009 @ 5:39 am |
Concordamos en que la serie es buena, en términos de lo que busca una serie televisiva: tiene libretos elaborados, explota un montón de ejes temáticos que apelan a la sensibilidad de los televidentes y logra armarse una bancada de seguidores semana a semana. Ahora, aunque el tipo sea un atormentado por su condición -aunque me parece que su tormento procede de la necesidad de contenerse, no del hecho de necesitar matar-, la glorificación no consiste, como creí decir, en que queramos ser Dexter, o hacer las cosas que hace Dexter, sino en considerar que ya sea a pesar de o en virtud de su condición sociopática, es alguien que está haciendo algo que no es totalmente reprochable. Es un personaje que genera simpatía, un personaje por el que se siente, al menos, compasión.
No había leído el artículo de Rosa Montano, y aunque a mi la serie también me produce repugnancia, no lo hace porque incite al sadismo, sino porque afianza la creencia en que hay cosas horribles que pueden ser justificables, y hasta deseables… Casciari hace un excelente trabajo de ridiculización, me divirtió bastante el post… quizá sí sea todo producto de una tendencia a ser demasiado quisquillosa con cosas trivialísimas como la manera en que las ficciones televisivas tienen impacto sobre las creencias concientes o subconcientes de sus espectadores. Quizá sea pura paranoia mía por oir casi a diario que hay crímenes de lesa humanidad que acá se cometen a diario sobre personas que “se lo merecen” y tratar de extrapolar las cosas a seriados completamente ajenos a la realidad mundana.
Comment by aranta — 14.01.2009 @ 6:29 am |
Estoy de acuerdo en lo de que despierta compasión, y yo diría no-desprecio más que simpatía. El actor Michael C. Hall consigue hacer un personaje carismático pero con un punto grimoso como para tampoco acercarse demasiado.
De todas formas todo esto sigue siendo parte de ese maravilloso mundo del espectáculo que consigue hacernos vivir las sensaciones de otros, al igual que de niños nos subíamos al tren de la bruja para asustarnos un rato. Luego la feria cerraba y volvíamos a la realidad, bastante menos simple que cualquier ficción, por cierto.
La sensación palpable en el ambiente de que algunos “se lo merecen” viene propiciada más por una serie diaria y emitida en tres horarios llamada Telediario y que no descansa en separar malos muy malos de buenos buenísimos, con Dexteres en absoluto atormentados, sino orgullosos de darles a los malos terrible y televisado castigo.
Comment by Vip Vop — 14.01.2009 @ 7:11 am |
Pero querida, tu misma explicas en resumen la génesis, el contenido y los intereses detrás de Dexter cuando mencionas que la serie la han creado y la pasan por FOX.
FOX, la cadena de televisión más mercenaria del planeta, la que se la pasó por años alabando a Bush y sus locuras, la que todavía hoy hace del descaro profesión de fé, y de la falta de vergüenza una práctica diaria.
El paradigma de Dexter – el “justiciero” por mano propia que se cree a la vez jurado, juez y verdugo, que no acepta ley alguna excepto la que él mismo crea – es el mismo que clamaron para sí Bush y sus compinches. Con el aplauso y el apoyo de FOX y de Rupert Murdoch.
Comment by Sarah S Vatian — 30.03.2009 @ 7:39 am |