haciéndole siesta al tinto

30.09.2010

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Filed under: español — aranta @ 3:27 am
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Faltaban dos días para mi tercer cumpleaños cuando llevamos a mi mamá al hospital. No recuerdo qué carro teníamos en ese momento, ni cuánto nos demoramos en pasar por las salas que finalmente nos llevarían al cuarto en que nacería mi hermano. Recuerdo las paredes blancas y las luces fuertes, que hacían que con cada nuevo paso el corredor largo se desdibujara y reapareciera en cuestión de un instante. Recuerdo el bigote denso y negro de mi papá. Picaba. Olía a algo que hasta hoy no puedo describir de manera distinta a “olor a papá”.
Habíamos preparado mi fiesta de cumpleaños con un par de meses de antelación. Mi mamá había insistido en comprar una torta decorada con imágenes de Mi Pequeño Pony y yo había hecho un berrinche porque quería a los Thundercats. Al final, la torta fue de Mi Pequeño Pony. El mantel, los platos, las bombas, las bolsas en que entregaríamos los regalitos de agradecimiento a los asistentes y la piñata eran del pequeño pony. No eran míos, no eran para mí, eran del pequeño pony. Supongo que en algún momento cedí u olvidé mis irracionales demandas de niña menor de tres años y dejé que ellos se ocuparan del festejo, como corresponde hacer a los adultos.
Faltaban sólo dos días y estábamos ahí, a la puerta de una habitación en la que entraban mis tías apuradamente y de la que salían, al rato, sonrientes y con los ojos bañados en lágrimas. Recuerdo estar muy aburrida. Pasaron horas, o lo que se sintió como horas, entre luces, bigotes, tías, lágrimas, festejos y halagos, y mis piecitos seguían ahí, balanceándose apenas en el borde de una silla que era demasiado grande para llegar a ser cómoda. Faltaban sólo dos días.
Pasó un tiempo, sobre el que recuerdo que jugué a atrapar el reflejo de una baldosa marmolada con el rabillo del ojo, hasta que una de mis muchas tías se acercó con una caja de 12 lápices de color envuelta en papel brillante y me la puso en las manos, “éste es tu regalo”, me dijo, y procedió a explicarme lo que sucedía: dios le había regalado a mi mamá un bebecito. Ese era su regalo. El mío era una caja de colores. A dos días de mi cumpleaños. Dios me pareció en ese momento un tipejo desproporcionadamente injusto.
Mi mamá tuvo que quedarse en el hospital un tiempo y la fiestecilla del pequeño pony nunca se llevó a cabo. El hermanito dormía en la cama con mi papá, que al cabo de un par de días se quitó el bigote, para no irritar la piel del recién traído infante. Yo tenía tres años, una caja de colores, una torta rosada que no quería comerme sola, una madre ausente y un papá que no olía a papá. Dios era, de hecho, un tipejo terriblemente injusto.

***

Éste es uno de mis recuerdos más tempranos. Vuelvo a él, de vez en cuando, por motivos distintos. Anoche, mientras trataba de conciliar el sueño, recordé ese 28 de mayo y noté que a diferencia de otras memorias antiguas, ya no era capaz de ‘verlo’ en primera persona. Hay una niña en una sala, recibiendo un regalo, sintiendo ira contra el tirano celestial. Y aunque sé que esa niña soy yo, o una versión antigua de mí misma, no es mi ira, no son mis manos las que reciben la caja, no son mis ojos los que persiguen los reflejos en el piso. Se siente en parte como si no estuviera legitimada a contar esta historia como propia. Es apenas un recuerdo heredado de un yo ancestral, como leí alguna vez en un seminario durante mi pregrado.
He buscado maneras de explicar en dónde está la diferencia entre éste recuerdo y otros muy tempranos. No está en que yo sea radicalmente distinta a esa niña de tres años que alguna vez fui, porque eso haría que todos los demás recuerdos también se desdibujaran como éste, y ese no es el caso. No está en que lo haya recordado con mayor frecuencia que los otros, o por el contrario, con menor frecuencia. No está en que haya cambiado de opinión respecto de lo que significa mi hermano en mi vida, o respecto de la justicia divina inadecuadamente impuesta sobre la experiencia. Creo, en cambio, que lo que lo distingue de otros recuerdos es el hecho de haberlo contado, varias veces, utilizando palabras que este yo de veintitantos años tiene a la mano, cambiando fundamentalmente mi relación con mi propio recuerdo. Creo que en el primer momento en que recorrí narrativamente esos corredores dejaron de ser mis recuerdos de los corredores y empezaron a ser un objeto en un mundo existente para muchos otros. Esos corredores ya no son míos, esa ira ya no es mía, ese pedacito de vida se separó y no tengo manera de hacerlo volver. Quizá por esto es que prefiero no hablar de los momentos que considero definitorios de mí misma y me afano en explayarme sobre descripciones de lo que me ha herido o lastimado a pesar de lo que he buscado. Quizá quiero creer que es posible deshacerse de la intimidad y permanencia de los errores, las fallas de juicio y los dolores, creyendo que puedo armarme una identidad aislada de todo contaminante. Pero se me olvida que el sentido en el que yo soy alguien está necesariamente conectado con ser alguien para otros, en un mundo compartido, descriptible, expuesto y vulnerable. Se me olvida que me ven, que me oyen… se me olvida que estoy aquí, afuera.

22.09.2010

Volver a lo mismo, de otra forma.

Filed under: Uncategorized — aranta @ 9:13 am

Ha pasado más de un año desde la última vez que publiqué aquí. En ese tiempo me gradué, apliqué a un nuevo programa, entré y logré pasar de manera poco sobresaliente dos agotadores semestres, me fui de la casa de mi madre y cometí el primer -y me encantaría creer que último- grave error que implica sentirse independiente. Hoy estoy, de nuevo, tratando de definir qué va a ser eso que determinará el ruido dentro de mi cabeza durante los próximos años. Ella se fue hace casi exactamente seis meses y la espera me ha hecho sentir, en ocasiones, que hay poquísimas cosas que realmente valen la pena. Aquí sigo, buscando.

19.06.2009

Bloomsday, tarde, muy tarde.

Filed under: español — aranta @ 10:38 am
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Fecha límite, última oportunidad, agotamiento de la posibilidad a futuro, final, cierre, ultimatum. Se desvanece entre mis dedos aquello que tan sólo hasta este momento sale de mi control. No puede haber felicidad donde todo es dejado en manos del azar; la mala fortuna de carecer de buen juicio -cuánto quisiera poder convencerme de que es fortuna, en lugar de negligencia- me deja ahora tan sólo con las manos amarillentas por el tabaco posadas sobre la tapicería policrómica de este inconcebíblemente lento monstruo de metal. Hay un reflejo en la ventana que rebota justamente en el punto en que mis pestañas son más blancas, lanza un fulgor que irrita la pared posterior de mis ojos, allí donde los objetos se transforman en imagenes que son tan sólo mías. Bajo, camino, fumo, tiro la colilla incandescente, fumo de nuevo. No hay noticia aún.  Se agota el plazo, se acaba el día; un día que resume todos aquellos días en que los límites no fueron claros ni relevantes. Hoy se concretan todas las demarcaciones, hoy se aparece como real el paso del tiempo.  Tengo hambre, tengo sueño, el ácido de mi estómago me obliga a reclinarme sobre el escritorio de la secretaría, contemplo mi enorme panza mientras considero la posibilidad de ausentarme un momento para buscar pañuelos desechables; seguramente el baño no tiene papel higiénico ni jabón, seguramente la puerta está dañada y tendré que caminar hasta otro edificio. Será una ausencia de quince minutos, supongo, no hará mayor diferencia. ¿Qué son quince minutos cuando se ha esperado casi dos años?  No, no me voy. Llamo. Dos, tres veces. Correo de voz. ¿Tendré las agallas para llorar en público? No. Soy demasiado cobarde. Recibo una llamada, la llamada. Hola, no, no llegó nunca, no me explico por qué, sí, ajá, está bien, voy a comunicarlo con las autoridades competentes. Entrego el aparatito negro a esas manos de uñas rojas con florecitas blancas que transforman el teclado en un instrumento de percusión. Sí, bien, gracias profesor. Levanto mis dos puños, sonrío, me ruborizo. Rojo, todo es absolutamente rojo. Ya no tengo hambre, no tengo dolor alguno, mi cara no responde a mis esfuerzos por mantener la compostura, tengo la punta de la lengua adormecida, los labios hinchados y las mejillas palpitantes. Camino, busco con quién tomarme una cerveza, ando casi en círculos. Todos están ocupados. Sus sentencias no han de cumplirse sino hasta dentro de un par de días, tienen aún ocasión de modificar lo irremediable. Subo a otro bus, no importa cuánta sea la demora. Voy al norte, tomo un café con demasiada azucar y busco compañía en internet. Pasará otra hora hasta que llegue ella, con su termo verde y su mate. Tengo que ir al baño, pero no puedo abandonar mi maleta a su suerte. El papel de colgadura con que adornan aquí el cubículo del inodoro me recuerda alguna ocasión en la que estuve muy borracha en otro baño, pero no soy capaz de saber dónde, ni cuándo, con precisión. Agua tibia, jabón espumoso, toallas de papel. Salgo y pido un café negro, mientras pretendo leer Williams sin entender mayor cosa. Llega ella, violeta y negro, y su termo, verde. Tomo un martini con dos aceitunas; ésta es mi celebración por haber ganado el indulto. Ya no hay sol, ya no hay plazos, ya no hay límites.

8.01.2009

Mother Goose and Grimm, Mike Peters

Filed under: español — aranta @ 2:45 am
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Mother Goose and Grimm es mi tira cómica favorita desde que Norma me mostró, en quinto de primaria, un pequeño recorte de periódico en que aparecía un pequeño juglar amarrado como un perro siguiendo a un noble, en cuyo título se leía “El primer Walkman del mundo”. Para ese momento, si mal no recuerdo, El Espectador -que no había perdido aún su carácter de diario- reproducía todos los días la tira cómica de Mike Peters. Después de unos años, le perdí la pista a Grimmy, y no vine a encontrarlo sino hasta hace relativamente poco en internet. Obsesiva, como tiendo a ser con las cosas que me gustan, empecé a bajar las imágenes de la página que más me divertían y las archivaba en una carpetita en mi computador. La última que guardé es la siguiente:

La imagen fue publicada en grimmy.com el 2 de enero del año que corre y hace parte de una serie de algo más de 9 tiras sobre la confusión que le genera a Ralf -el pug- el que el diseñador del tarro de las papas Pringles haya querido ser sepultado -después de ser cremado- en el envase que le dio sustento y gloria durante toda su vida. Después de pasar por Betty Crocker, Orville Redenbacher Pop Corn, Kentucky Fried Chicken y Dr. Pepper, Ralf, que piensa que las cenizas de todas las personas por las cuales están nombrados los productos andan circulando en sus envases, se mete -oh gran pecado capital- con Juan Valdez. El día en que leí la caricatura, la puse en mi blog de stumbleupon señalando que la tira cómica del día no me parecía tan graciosa. Las razones por las cuales no me causa gracia no son, sin embargo, las mismas que he visto señaladas en El Espectador y El Tiempo respecto de la caricatura.

En ambos lugares se disparó la alarma de la indignación nacional por estar echando por tierra el nombre de la noble patria colombiana, por estar poniendo en duda lo íntegro, honesto, apegado a la ley, la moral y las normas básicas de corrección de todo lo relacionado con este glorioso terruño, por descalificar el éxito de las marcas nacionales y teñirlas de calumnias sobre atentados al derecho internacional, a la dignidad, a la vida y a la decencia. Entre los comentaristas se leían algunos que rebosantes de ira criticaban el “desubique” de Mike Peters, de su perspectiva sesgada de “gringo”, algunos que aferrándose al trasnochado discurso de “mejor café del mundo, segundos en especies de ranas y terceros en exportación de calzones”, pretendían que la caricatura fuera aludida como falsa y mal intencionada, como basura. Resultó, después, que la Federación Nacional de Cafeteros mandó una carta de queja por el daño que el strip hacía a las marcas Juan Valdez y Café de Colombia y tras la respuesta de Mike Peters -una disculpa por alguna ofensa o malentendido, acompañada de una explicación sobre el contexto de la imagen-, entró a ser investigada la legitimidad de la misiva. No se me ocurre por qué habría que preguntarse por la legitimidad de la misma -¿se investiga si la escribió Mike Peters de puño y letra, o si acaso es un montaje por parte de los cafeteros independientes que luchan por sobrevivir en un mercado cada vez más monopolizado por la marca?, ¿investigan si es una disculpa sincera al pueblo colombiano y a sus empresas tan límpidas y correctas o si es tan sólo un formalismo?-, y me parece ridículo, por decir lo menos, que amenacen con una multa millonaria aún tras la disculpa ofrecida.

A mí no me pareció graciosa la tira cómica no porque esté “despotricando injustamente” del terruño, no porque esté buscando ensuciar una marca construida con el sudor de tantos colombianos, no porque sea la perspectiva de un gringo sesgado que sólo ve que “south of the border” todo es coca y mafia. No. No me pareció graciosa porque con un par de líneas que hacen parte de un chiste más amplio e inocente pone de manifiesto uno de los grandes horrores que por todos los medios tratan de mostrar como justificables, menos graves o, simplemente, inexistentes. No me pareció graciosa justamente porque un ‘gringo sesgado’ habla de lo que aquí es casi impronunciable, de eso a lo que aplica “ojos que no ven, corazón que no siente”, de eso que sigue sucediendo sistemáticamente y que con coplitas mal armadas y propaganda patrioterista tratan de pasar como conspiroparanoia de los terroristas opositores. ¿O es que alguien se atreverá a decir ahora que acá nunca se ha oído de asesinato de líderes sindicales, de desapariciones, de descuartizamientos y otros métodos de lidiar con cuerpos indeseados?

Ah, pero claro, ese no es el problema. No que la gente sea asesinada. No que todo quede impune. No que el gobierno ofrezca dinero por manos de terroristas, por cuerpos de guerrilleros, por cabezas de opositores. No que los sindicatos sigan desapareciendo. No que los estudiantes sigan siendo investigados. No, esos no son los problemas; no son siquiera parte de EL problema. El problema es quedar mal en el exterior. El problema es que se sepa o se intuya que acá no todo es perfecto. La ropa sucia se lava en casa, Mike, tsk tsk.

5.01.2009

The Wild Blue Yonder-Werner Herzog

Filed under: español — aranta @ 3:51 am
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Camilo, tras varios meses de no vernos y al reunirnos finalmente para celebrar el grado de Marcela, me regaló de navidad un CD que contenía la película de Werner Herzog “The Wild Blue Yonder”. De Herzog había oído hablar en un par de ocasiones, pero no había nunca visto una película suya. Sabía de él que había hecho una versión de Nosferatu -película que amo- y que “Woyzek”, sobre un soldado alemán en la segunda guerra normal llevado a la demencia por el maltrato de sus superiores, era una película imperdible. Pero más allá de eso, o de la existencia de “The Wild Blue Yonder” no sabía nada; fue una muy grata sorpresa verla.

The Wild Blue Yonder (2005) es escrita y dirigida por Werner Herzog. Tiene una duración de 80 minutos y es, a grandes rasgos, una película de ciencia ficción basada en la manipulación o re-edición de contenidos de documentales diversos -videos de la tripulación estadounidense en la nave STS 43 orbitando la tierra, videos de archivo de la Nasa, entrevistas con teóricos del caos de transporte, y la filmación de la exploración subacuática de la antártida de Henry Kaiser, entre otras- al rededor de una historia sencilla pero contundente.

Brad Dourif -Grimma, en “El Señor de los Anillos”- es un extraterrestre que viajó desde Andrómeda en busca de un planeta habitable, tras el inicio de la destrucción de su planeta. Habla a la cámara, con absoluta desesperanza por ser el descendiente mediocre de una especie luminaria, desde un cruce de caminos poco transitado en el que los andromedianos construyeron su primera colonia, frente a un enorme Mall para el que nunca llegaron clientes ni vendedores. Él es apenas un refugiado con conocimientos de viaje interestelar atrapado en un planeta del cual sus propios habitantes buscan escapar por cualquier medio, ante la inevitabilidad de su destrucción.

Los seres humanos llevan décadas buscando una salida, una solución para el problema que los recursos limitados y corruptibles presentan para una población en constante crecimiento. El sueño humano de conquistar el espacio no es tan sólo un ideal de deificación de sí mismo, sino, con cada día que pasa, una necesidad, un único y último recurso de supervivencia. Los avances técnicos y tecnológicos no nos dejan más que incertidumbre y desesperanza; nada dentro del universo conocido podría recibirnos como nuevos habitantes y parece ser cada vez menos probable transitar las distancias y los tiempos requeridos para alcanzar una meta que es tan sólo lógicamente posible. Pero el testimonio de este extraterrestre nos muestra, precisamente, cómo se replican los retos y las soluciones que su gente enfrentó al momento de tener que abandonar su propio planeta. Si tan sólo le hubieran preguntado a él, afirma en varias ocasiones, todo habría estado más claro desde el principio.

El viaje humano al espacio, limitado por la incertidumbre que el enorme vacío negro impone, condicionado por la necesidad física de estar bajo cierta fuerza de gravedad, por las esperanzas de refundar un planeta humano, por las distancias inabarcables, por los tiempos que exceden nuestra conciencia viva, empieza a configurarse a través de los datos a los que nuestro extraterrestre tiene acceso por casualidad. Sus palabras acompañan las imagenes que reconocemos sacadas de otros tiempos y van tejiendo una red de ficciones que aparece por momentos como más verosímil que aquello que se encuentra realmente a la base de lo que vemos. Es un viaje que por su sencillez visual encanta casi tan sólo por la riqueza y sensibilidad de la narración que lo acompaña.

Tras millones de kilometros recorridos, la tripulación cuya cotidianidad ingrávida es compartida sin reservas, alcanza un planeta habitable. Su atmósfera cristalizada y líquido entorno no es nada menos que inimaginable, imposible de concretar en pocas imágenes, inabarcable en unas cuantas palabras. Pero el narrador que ha impuesto Herzog, esas palabras nostálgicas del ex-habitante del mundo azul ahora descubierto por los hombres, hace posible que veamos cómo es que el abandono impuesto a su hogar, ahora abandono al que nosotros mismos nos obligamos, es más un abandono de sí mismo, de todos esos que durante siglos se perdieron en las inmensidades azules de sus cielos, cambiándolas por el impenetrable vacío negro del exterior.

Me encantó esta película. La mezcla extraña entre la filmación del protagonista y los distintos documentales hace que cada segundo demande atención; a cada segundo podría premiársenos con una sorpresa visual más. La música incidental de la película, a su vez, logra maravillosamente contrastar secuencias, pero amalgamar adecuadamente las imágenes con la narración; es como sentirse flotando a la deriva en un mar de témpanos diminutos, por momentos. Pero, si quisiera hacérsele justicia a la película, no podría hacerse otra cosa que resaltar el increíble guíon escrito por Herzog. Cada palabra es efectiva para enganchar, cada una se une al resto del discurso para enamorar al público. La sencillísima historia, perfectamente contada hace querer ver más a Herzog, querer oirlo más, querer repetir mil y un veces esos ochenta minutos de asombro.

[Empezó el año y por tener tan abandonado el blog dejé de hacer un par de recomendaciones musicales que merecerían, más bien, un post entero. Por un lado, está Battles, con su disco de 2007 “Mirrored”. Métricas superpuestas, sonidos electrónicos combinados con guitarras y baterías análogas, energía constante y mucho cuidado por todos los detalles. Del disco, recomiendo Race In -primer corte- y Ddiamond, aunque considero que el disco completo es asombroso. Por otro lado, pero en tónica similar, recomiendo mucho el disco de Foals “Antidotes”, de los mejores de 2008, y el ya nuevo para nadie, Austin TV, particularmente “Ella no me conoce” y “Ana no te fallé”. Ah, sí, y tengan un feliz 2009. ]

28.10.2008

Dexter.

Filed under: español — aranta @ 9:33 am
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Crecí viendo más televisión de la que es recomendable. Sin tener nunca un espiritu crítico o siquiera selectivo respecto de lo que aparecía en la pantalla, engullí sin problema desde las repeticiones cíclicas de El Chavo del Ocho y programas educativos plagados de títeres, hasta documentales sobre la antigua Roma y las plenarias del congreso. Solía dejar el televisor prendido como ruido de fondo y concentrarme en alguna otra cosa, de manera que nunca fue relevante si lo que estaba sintonizando era o no digno de atención. Sin embargo, desde que en mi casa pusimos TV Cable, el enorme espectro de series que nunca había considerado como existentes hizo que mi rutinario ignorar la pantalla mutara lentamente en el cronograma televisivo que hoy en día tengo.

Siendo justos, no puedo decir que sea una afiebrada televidente; tiendo a perderle el hilo a la mayoría de series que me emocionan en un principio y a permanecer en una suerte de aburrimiento prolongado al intentar volver a verlas. Lost, Heroes, Grey’s Anatomy, M.D. House y otras me tuvieron encantada durante un rato, pero hoy en día se han convertido en ruido de fondo para mis garabateos inconclusos.
Quizá sea bueno decir que no porque pierdo interés en las series significa que sean malas o poco interesantes; posiblemente lo que ocurre es que carezco de la capacidad suficiente para retener información cuando las emisiones están separadas por toda una semana. Entiendo bastante bien la pasión que generan en la gran mayoría de gente que conozco, aunque lastimosamente no la comparto. No obstante, esto no puede decirse de todas las series “en boga” y menos de una en particular: Dexter.
“Dexter, un justiciero serial” es una serie de FOX que salió al aire este año. Creo que va por la segunda temporada y ha gozado de inmenso éxito a raiz de explotar varios ejes temáticos que por distintas razones capturan inmediatamente al televidente. Es una serie policiaca, de corte CSI, en la que casos extraños de asesinatos se resuelven haciendo mano de explicaciones enrevesadas por parte de científicos brillantes que sirven a la grandiosa y noble causa de establecer justicia. Además, el personaje principal -como Gil Grissom, Gregory House y Monk- padece de un transtorno psicológico que lo obliga a enfocarse exclusivamente en su trabajo, dada la imposibilidad de correlacionarse adecuadamente con personas comunes y corrientes, y llevar una vida más o menos estándard. Ahí, precisamente, es donde Dexter cruza la línea que otras series que apelan a la anormalidad del protagonista no osan siquiera considerar. Dexter es un asesino en serie, que se mete en el rol de vida de un científico forense y que calma sus irreprimibles impulsos homicidas asesinando a los criminales a quienes persigue. Los atrapa, los seda, los mata, los descuartiza, lo disfruta. Dexter es un carnicero irredimible; él lo acepta, se define a sí mismo así. Lo que es peor, justifica sus crímenes y legitima su carácter cada vez que puede y nos presenta su vida como algo que debe constituir entretenimiento.

La serie me genera una desazón inmensa, una incomodidad profunda y preocupaciones en varios niveles. Por una parte, parece buscar, junto con otras series de su estilo, una glorificación del personaje trastornado, un descubrimiento de heroismo en las disfuncionalidades sociales. Si bien esto, dicho así, no represente un problema -la estandarización de las personalidades y la regulación de lo que es aceptado como “normal” es algo bastante peligroso y nocivo en sí mismo-, para el caso concreto de este programa, constituye la idealización de algo que bajo cualquier óptica debería resultar reprobable. Buscar simpatía, aceptación e incluso admiración por un personaje que se adjudica a sí mismo el poder de decidir quién es digno de morir bajo sus manos, cómo debe impartirse justicia o, en el nivel más simple, alguien que sin reparos asesina una y otra vez, es peligroso y repugnante. El peligro no es, seguramente, que todos los adolescentes de una generación elijan nombrarse a sí mismos “sociópatas-asesinos en serie” y empiecen a justificar sus fallas de carácter y tendencias destructivas en que lo vieron en televisión; lo que me parece realmente preocupante es que abre el espectro de lo que es permisible, de lo que es evaluable, de lo que se configura como lo monstruosamente incorrecto e intocable, haciendo que resulte no sólo normal, sino deseable, llegar a extremos de inhumanidad bajo la bandera de un “bien mayor” o de la justicia. La imagen del monstruo carnicero se ve atenuada por el hiper-racional impartidor de justo castigo a los “verdaderos monstruos” que amenazan la estabilidad de la sociedad. El mensaje que envía es confuso; está bien matar, si es para eliminar a escoria y está bien ser bestial e inhumano, mientras esa bestialidad se exprese con meticulosidad y rigor. Ser un monstruo te puede convertir en héroe.

Por otra parte, este programa parece querer legitimar la idea de que existen quienes merecen morir. Así de simple. Hay, allá afuera, aquí al lado, aquí adentro, personas cuyas acciones resultan tan horribles, tan salidas de la ley, el orden, la moral, la sensibilidad y la razón que no queda otra opción que asesinarlas. Y, si seguimos la serie, nos daremos cuenta de que no es suficiente con enviarlas a un reclusorio por toda su vida, ni condenarlas en un tribunal de ley a la pena de muerte; hay quienes deben ser erradicados sin juicio, sin explicación, sin respeto mínimo por cualquier derecho. No sólo es temible pensar que hay un ser humano con la potestad de impartir “justicia” -más aún una persona que es descrita como alguien que en ninguna medida entiende o comparte las emociones humanas que anteceden y acompañan acciones y juicios-, es todavía más aterrador pensar que se está promoviendo el asentamiento de la idea en la mente de todos los espectadores de que existen condiciones bajo las cuales el asesinato y las acciones violentas dentro y fuera de la ley se justifican. Nos están enseñando que matar a sangre fría, con plena conciencia, premeditación y crueldad no constituye algo malo, siempre y cuando se tenga un ‘buen’ motivo.

Probablemente un día las acciones que cometan aquellos que sirven de ejercicios de limpieza social no necesiten ser siquiera particularmente monstruosas, particularmente alejadas del sentido común, o particularmente reprobables; alcanzaría, para llevar a cabo la exterminación, con que fueran alejadas de lo que el “justiciero” considera la norma. Quizá un último agravante sea el hecho de que nos presentan a Dexter como un miembro del cuerpo de policía, un hombre de ley. La escogencia de sus víctimas responde a los crímenes de los que tiene noticia y, dado que tiene algún grado de poder que el ciudadano común no ostenta y un deber que cumplir con la sociedad, no es del todo descabellado que él ejerza su profesión de manera notable. Como la ley es débil, como las instituciones son corruptas e ineficientes, está bien hacer justicia por la propia mano, y en serie.

Me horroriza saber que esto es presentado como entretenimiento prime-time -aunque el horario realmente no haría ninguna diferencia-, me llena de asco saber que hay personas que interpretan este tipo de programas como simples reflejos de una manera establecida de pensar el mundo porque, aún si es cierto que lo que hizo permisible que algo así saliera al aire es el cinismo desmesurado y la creciente tendencia a preferir los resultados a los procesos razonados, creo que no es descabellado pensar que lo que está ocurriendo es que se está perpetuando esa legitimación de la amoralidad y el abuso de poder en el subconciente colectivo. En lugar de encontrar cada vez más perturbador y reprobable pisotear los mínimos acuerdos de respeto por la vida, lo devoramos cada vez con más ansias, lo disfrazamos de ficciones televisadas decoradas con sex symbols y producciones millonarias y nos desentendemos de la responsabilidad de pensar en las consecuencias de la proliferación de este tipo de contenidos porque, en últimas, “sólo es televisión”.

3.10.2008

Darwin’s Nightmare, documental de Hubert Sauper

Filed under: español — aranta @ 10:47 am
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Darwin’s Nightmare es un documental de 2004, dirigido por Hubert Sauper, centrado en exponer las distintas caras del impacto causado por la introducción de una especie foránea de peces [la perca del Nilo] en el Lago Victoria [Tanzania]. Llegué a él por recomendación de Camilo, que muy adecuadamente la acompañó de una advertencia sobre la crudeza de buena parte de lo expuesto en el film y una convicción profunda en la importancia de su difusión. Tras verlo, concuerdo totalmente con todo lo dicho por él: recomiendo ver el documental, aún con un nudo en la garganta y el terrible conocimiento de que la introducción de lo visto en la esfera de lo real para cada uno no hace diferencia alguna en lo sucedido.

El Lago Victoria es uno de los más grandes lagos de agua fresca en el mundo; hasta la década de los 50s albergaba centenares de distintas especies animales y vegetales, que hoy en día se presumen extintas, tras la introducción por parte del hombre de especies foráneas con el interés de investigar las posibilidades de desarrollo de una industria pesquera sostenible y rentable. Entre las especies animales que se importaron al lago se encuentra la perca del Nilo, un tipo de pez de alto valor comercial dado el gran tamaño que adquieren los especímenes en corto tiempo, su rapidez reproductoria y la calidad de su carne.  El experimento, sin embargo, a pesar de producir más de 500 toneladas diarias de pescado para exportacióna  Europa y América, dista de ser un exito.

Por una parte, el instinto depredador de la perca del Nilo ha hecho desaparecer virtualmente toda forma de vida nativa en el lago, llevando los niveles de oxígeno en el agua a extremos que no propiciarían una recuperación de la biodiversidad perdida. Ante la falta de alimento disponible, la perca recurre al canibalismo, en muchas ocasiones, devorando su propia descendencia. En pocos años, la población de estos peces se reducirá al punto de dejar de ser rentable para la industria pesquera y el lago será irrecuperable para la crianza de peces, o cualquier otro propósito.

Por otra parte, y lo que constituye el grueso del documental, los problemas que conlleva la introducción de la perca, igualmente raudos en su aumento e igualmente irreparables a largo plazo, atraviesan una serie de planos humanos, sociales y políticos que van desde los huérfanos del sida, que encuentran en los embalajes del pescado de exportación una fuente de adormecedores narcóticos, hasta la sugerida pero no comprobada conexión entre los transportadores de pescados provenientes de Rusia y los grupos armados de las distintas naciones africanas en guerra.

La ciudad de Mwanza, representativa de las abrumadoras diferencias socio-económicas de África -por no decir que de todas las naciones sub-desarrolladas o en vías de desarrollo-, a orillas del lago, es el escenario frente al cual se presentan los testimonios de quienes de una manera u otra, dependen de las grandes pesqueras para sobrevivir. Los oficios posibles para sus pobladores son la pesca, recolección y procesamiento de restos de pescado para consumo humano y la prostitución.

Quienes trabajan para obtener el pescado, en jornadas de 14 horas al día, no ganan lo suficiente para acceder a alguno de los filetes que los dos millones de europeos consumen al mes y deben, en cambio, esforzarse para poder comprar cabezas y espinas desechadas por las fábricas, como alimento principal. El recorrido por los campos de tratamiento de pescado parecería ser sacado de una película de ciencia ficción post-apocalíptica; miles de cabezas en descomposición expulsando vapores tóxicos son apiladas juiciosamente por mujeres enfermas por su oficio, que optaron por no ejercer la prostitución y extender aún más la ya incontrolable epidemia de VIH en Tanzania. Segundos después, una convención de ejecutivos europeos alaba las magníficas condiciones bajo las cuales se extrae, procesa y exporta el filete de perca, condiciones “a la altura de cualquier fábrica a nivel mundial”.

Una pregunta recurrente a los entrevistados es sobre el contenido de los aviones de carga que diariamente llegan a Mwanza a recoger el pescado. “Nada” es la respuesta más usual entre los pobladores de la zona, aunque las entrevistas con los pilotos rusos, en cuyos itinerarios de vuelo se encuentran Angola, Ruanda, Uganda y el Congo, sugieren tráfico de armas desde países de la antigua USSR.

El documental puede verse gratuitamente a través de Google Video, en dos partes y con subtítulos al español. Es un trabajo juicioso y crítico, sin ser sesgado o parcial. Acá el link: http://video.google.com/videosearch?q=Darwin%27s+Nightmare&emb=0&aq=f#

En una nota aparte, supongo que cabe tener en mente este tipo de consecuencias al considerar la viabilidad del reemplazo de los cultivos de mata de coca en un buen porcentaje del territorio nacional por palma africana, o pensar en el impacto que las grandes bananeras -por nombrar simplemente un caso-, han tenido sobre este país agobiado y doliente.

[Recomendación musical del día: El disco extra de la edición especial del Jukebox, de Cat Power. Son cinco temas, varios de los cuales cantó en el concierto en Bogotá, que incluye su versión de “Angelitos negros”, en un español no muy bueno, pero ciertamente conmovedora.  Bonus disc en Rapishare.]

29.09.2008

Kurt Vonnegut, Matadero Cinco

Filed under: español — aranta @ 9:37 am
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Kurt Vonnegut, Slaughterhouse-Five or The Children’s crusade. Traducción al español de Margarita García de Miró. Barcelona: Anagrama. Cuarta edición, 2006.

Matadero Cinco [Slaughter House 5] o  La cruzada de los niños es probablemente la novela más famosa del escritor norteamericano Kurt Vonnegut. En un principio, dice el prólogo, la novela es pensada como una recolección de impresiones de un sobreviviente estadounidense sobre el bombardeo por parte de las fuerzas aéreas aliadas a la ciudad de Dresde entre el 13 y 15 de febrero de 1945. Tal bombardeo es considerado por muchos como uno de los más grandes crímenes de guerra jamás cometidos; el saldo de víctimas, según cifras oficiales, supera 35,000 entre civiles, prisioneros de guerra y algunos pocos militares alemanes, -además de la destrucción total de una de las ciudades más hermosas de Europa- aunque algunas fuentes no oficiales declaran un número de muertes hasta diez veces mayor que ese.  En lugar de esto, el libro se conveirte paulatinamente en una historia de ciencia ficción en la que personajes que tan sólo marginalmente se contactan durante la guerra entran y salen de foco en un incesante juego de discontinuidades temporales.

Billy Pilgrim es un veterano de guerra que viaja a traves del tiempo aún desde antes de haber sido raptado por los Trafamaldorianos para ser exhibido en un zoológico intergaláctico. La capacidad de viajar por el tiempo, de contemplarlo como un continuo superpuesto sobre sí mismo -donde todo lo que existe existió y existirá siempre- parece eximirlo de la experiencia de la guerra, parece abstraerlo de las llagas abiertas de sus pies, de la cal que cae sobre su cabeza en el sótano del matadero y la incandescencia de los muros a su alrededor, de la tibieza de su cama tras la muerte de su esposa. Entonces la crudeza de la guerra, esa intransferible e irretratable experiencia del pavor y el desamparo se narra con una distancia que hace evidente una cierta cotidianidad impuesta en contextos extremos; al final todas las experiencias vividas valen lo mismo, y la imposición de jerarquías es obra de la arbitrariedad de esa memoria disuelta en la atemporalidad.

Justamente por la arbitrariedad de esta memoria -y quizá de toda memoria- la narración se debate por momentos entre una cruda crónica  y una parodia parcial, una comedia ligera, que se vale de ridiculizar a sus protagonistas o de situarlos en mundos alegres y jocosos en que sus padecimientos se evaporan en la nada. En la pared de la enfermería del matadero cinco, Billy lee en 1944 la sentencia “Todo es hermoso, nada duele”, y aunque el universo acabará un día y los millones de millones de seres humanos mueran víctimas de su propia crueldad, no queda más opción que creer en la sentencia.

Quizá lo más impactante sea el estilo casi telegráfico de lo escrito. Las frases se aislan unas de otras dejando un vacío que significa mucho más que cualquier cosa que pudiera haber sido escrita; es ese estar avocado al silencio, a concentrarse en lo que poco dice, que poco aporta a la historia universal, lo que consigna el sentimiento íntimo de cada personaje. Y cada narración y segmento de narración culmina con un asfixiante “Así fue”, como declaración última de lo irremediable de lo sucedido.

27.09.2008

Ma-ma-mazinger

Filed under: español — aranta @ 10:53 pm
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Desde hace cerca de un mes, mi mamá está tomando cursos de “computadores”. Realmente, el curso consta de un tutorial básico de Windows XP, Word, Excel, IE y Messenger, sin incluir noción alguna sobre componentes de hardware de la máquina, distintos de “esto es un teclado”, “esto el botón de encendido”. La idea es completar una serie de tareas diariamente establecidas por medio de impresiones de pantallazos, e ir avanzando hacia el “conocimiento y manejo de los distintos componentes del computador”. En su tarea de ayer, Manguito debía abrir una cuenta en hotmail y posteriormente conectarse a messenger, para continuar con su aprendizaje vía chat.

Esta mañana, Manguito concluyó exitosamente su tarea y se conectó, por primera vez en su medio siglo de existencia, al servicio de mensajería instantánea. A pesar de no encontrar extraño el concepto de “chat”, tuvo algunos problemas al abordar la necesidad de autopromocionarse entre todos sus conocidos como poseedora de una cuenta de mensajería instantánea; ¿por qué no simplemente ellos la buscaban a ella?, ¿por qué habría que invitarlos para poder agregarlos y verlos conectados?. El asunto se complica un poco más dado que la invitación no puede hacerse simplemente buscando nombres y apellidos, sino que es necesario teclear direcciones de las que, por supuesto, no puede acordarse nadie fácilmente. La consecuencia de esto es que en su ventana de messenger, mi mamá tiene hoy en día 2 contactos: su profesor y su hija.

No demoró mucho en entrar en la tónica reinante cuando de relaciones interpersonales vía msn se trata. Se acabaron los llamados y peticiones a gritos, el golpeteo insistente en la puerta del cuarto y las ocasionales visitas/allanamiento con la excusa de dar algún mensaje. Ahora mi mamá me dice por messenger “ve y me traes un tinto de la cocina”, y hace comentarios pesados y algo ofensivos terminados en “;P” a manera de elemento distensionante. Es claro que dado que gustó de los ’emoticons’, no demorará en convertir su cuenta en una galería interminable de matachines bailarines, animaciones en miniatura que reemplazan palabras y caritas de todas formas y tamaños. Habrá que tener paciencia.

[Recomendación musical del día: I’m from Barcelona; no son barceloneces, sino Suecos. Pop alegrón y divertido con reminicencias de Arcade Fire -por momentos-, Broken Social Scene -por otros momentos- y hasta de The Ting Tings. Julián gustó tanto de la banda, que pocos minutos después de la recomendación, inició labores en la redacción de una reseña. Ando en onda sueca ultimamente, por recomendaciones de varias personas; Miguel estuvo investigando el jueves IFB y gustamos de ellos unánimemente en la oficina,  Lykke Li fue por recomendación de Astrid, que la descubrió via RS USA -descubrí esta semana que es banda sonora de Grey’s Anatomy y que además suena en Wok-; Those dancing days, también por Astrid y, por supuesto, la banda sonora de Mamma Mia -que la recomienda el doctor mami-… aunque si me preguntan en la calle, negaré esto último rotundamente]

26.09.2008

Del afán…

Filed under: español — aranta @ 9:20 am
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…esperemos que no sólo quede el cansancio.

Escribo hoy desde un toshiba satellite l305d nosequémáscosas. La razón para estar estrenando terminal reside en que mi madre, como campeona invicta de la economía familiar que es, consideró que siendo hoy el día en que reemplazaría el computador vetusto y perecudo de la casa, quizá lograría una rebaja mucho más jugosa en caso de comprar dos computadores de una vez. Así es que desde hoy me encuentro endeudada hasta las orejas. Espero, tan sólo, no arrepentirme.

El nuevo computador  (en adelante [la] PC-ra) se conectó solito a internet tan pronto lo prendí, tiene una pantalla bastante más ancha y menos alta que la del PC-cito, tiene 3 puerticos usb a los lados -no por detrás- quemador blue-ray de dvd y una camarita integrada, con la que me tomé esta inmundicia de foto:

Sumado a eso, tiene 4Gb en Ram y 200 en disco duro montado en un TurionX2 de 2,0. En términos generales, muy buena maquinita que no salió tan cara como esperaba. Sin embargo, siendo éste mi primer encuentro con Toshiba -y siendo la única posibilidad real no contemplada en el post anterior-, hay un par de quejas que tengo, pero que no hay manera de arreglar, porque la compra ya se cerró y ya lo empecé a llenar de basura. En primer lugar, extraño indescriptiblemente mi puntico del Thinkpad; aunque la tablet de este es convenientemente rugosa y ligeramente ubicada hacia la izquierda del computador y no en el mero centro, me cuesta todavía tener que bajar la mano para acceder a las funciones de mouse. En segundo lugar, no me gusta que el control del volúmen sea una ruedita en la parte delantera del computador, por fuera de la protección de la tapa, menos aún que sea una de esas rueditas sin fin -sin bloqueo cuando se alcanza el máximo o el mínimo volumen-. Por último, me enferma que tenga Windows Vista, aunque, para ser justos, más pronto que tarde se lo borraré para instalarle un combo XP/Ubuntu: XP para diagramar, Ubuntu para uso diario, lejos de virus, troyanos y demás padecimientos específicos de los PC.

Realmente creo que hubiera preferido un Thinkpad, por pura nostalgia del PC-cito, porque me gusta el puntico, la estética retro-futurista [así se imaginaban en los 70s que se verían los supercomputadores del futuro], porque IBM tiene rato de existir y ser bueno, incluso porque conozco muy pocas personas con un Thinkpad. No obstante, estoy bastante satisfecha con la compra; Toshiba tiene buena fama, historia y muchos puntos de soporte técnico en Bogotá, es un computador sobrio y bonito, azulito oscuro casi negro, con teclado cómodo y, hasta donde he logrado oir, buen sonidito.  A los que alcanzaron entre mi afán consultor y mi afán comprador a aconsejarme, mil gracias y deseenme suerte!

[Recomendación musical del día: Asian Dub Foundation. Me recuerdan Badmarsh &Shri; son algo así como The Beastie Boys meet Kruder und Dorfmeister. De acuerdo con Miguel, son una de las bandas más relevantes en los últimos 20 años en Drum and Bass. Yo no puedo creer que hasta ahora venga a conocerlos]

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